A eso de las 23:00h de la noche, llegan dos amigas de unos 40 años al bar en el que estoy. Son de esas mujeres que se les ve echadas a la calle. Vamos, como yo dentro de 10 años si abro una peluquería en Vallecas y me dejo embarazar por un hijo de puta maltratador.
Una le dice a la otra:
– Si es que cuando se pone así, ya es enfermedad…
Yo creyendo que se refería a un amigo de ambas con problemas de dependencia y entonces, veo a un niño de 7 años sentando solo en una mesa con los brazos cruzados y llorando:
– Mañana no pienso ir al colegio. Quiero jugar a la play.
Su madre, sabiéndose poderosa por ir algo borracha y estar en compañía de la típica amiga a la que quiere convencer de que tiene algún tipo de control sobre su vida o sobre algún hombre de su vida, que en cualquier caso es lo mismo, dice:
– No.
Y así comenzó una encarnizada lucha verbal y a gritos, entre madre e hijo:
– Quiero jugar a la play.
– No.
– Quiero jugar a la play.
– No.
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play.
– No
– Quiero jugar a la play
– No.
– Se lo voy a decir al abuelo.
– ¿El qué? ¿Qué le vas a decir tú al abuelo mocoso de mierda?
– Lo que haces. Se lo voy a contar todo.
– ¿Y qué es lo que hago según tú?
Mirada de “Habla y te parto la boca”.
– ¡No me pegues! ¡Déjame!
– Te voy a dar una hostia en toda la cara. No vas a jugar a la play en toda tu puta vida.
Se la dio.
– Antes estaba hablando yo y Shaila (la amiga de la madre) ni me miraba. Se puso a hablar contigo. Me quiero ir a casa, ya es el tercer sitio en el que paramos.
El camarero que me ve con la frente apoyada en la palma de la mano, y apretando mandíbula, me dice:
– Joder, con el crío este.
Ante de iniciar la típica conversación sobre lo maleducadas que vienen las nuevas generaciones por culpa de la tecnología, me levanté y respondí:
– Pobre crío. Lo que tiene que aguantar.
– ¿Por? ¿Tú crees?
– ¿Pero tú qué es lo que estás viendo?

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