En mi infatigable esfuerzo por hacer de este un mundo mejor, miré hacia abajo, hacia el interior de ese retrete que nos reduce a todos a puro excremento, existencia residual en torbellino, arcilla creadora que modela nuestras mierdas de vidas, y suspiré. Suspiré y dejé la puerta del baño abierta para que la señora que había cometido un acto innoble antes de mí, pudiera ver una demostración práctica de lo que viene siendo “limpiar la mierda de otro”. Entonces, presionando el botón de la cisterna, dije:

– No te preocupes que ya tiro yo por ti.

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La doctora Mingo abandona el psiquiátrico penitenciario una década después de perpetrar el asesinato de tres de sus compañeros de trabajo y la agresión a otras siete personas, debido a un brote de esquizofrenia paranoide. La Audiencia Provincial ha encargado a su madre ¿de cuántos? ¿80 y pico años?, la custodia de la medicación y la supervisión hospitaria de Mingo.

–– Mingo, hija. ¿Tas tomao la medicación?
–– Sí, má.
–– Si empiezas a oír voces y te entran ganas de matar o algo, avisa.

Ponerte las zapatillas sobre las que vomitaste la noche anterior y salir a caminar. Eso es equilibrio, lo que otros llaman incoherencia.

Por favor, cuando sea momento de sacar el edredón que alguien me avise porque no soy capaz de reaccionar por mí misma a la sensación de frío.

Existen ciertos hábitos que contribuyen a cargar con una existencia repleta de contradicciones, uno de ellos es llevar puestos los calzoncillos de tus hermanos. Ayer me gasté 60 eurazos en bragas y hoy me siento creo que un poco mejor. Por afuera puedo parecer la misma pero el cambio real va por dentro.

Una vez una señora me gritó en el autobús por dejar pasar a todo el mundo delante de mí. Aquello me enseñó una valiosa lección. Desde entonces ya no soy esa niña educada que piensa antes en el resto, ahora me adelanto, hago zancadillas, y no saco del error a quien me cede el asiento por estar embarazada.

Esta mañana me he despertado con ganas de provocar estímulos, de generar actividad en las mentes adormecidas que siguen con ojos cerrados sus respectivos caminos hacia el trabajo. Me he despertado con el moño con el que me acosté antes de ayer, y me he puesto mi camiseta de John Travolta, la mejor camiseta que existe en este mundo repleto de camisetas aburridas. Lo sé, sé que pensaréis que hay que tener una autoestima muy buena para salir así a la calle, pero esto no es un acto de empoderamiento, es una lucha contra la desidia que nos consume día a día y un homenaje a una de las películas que marcaron mi extraña infancia.#johntravoltaesnicolascage

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Durante el día de hoy he establecido una línea fronteriza entre aquellas personas que han sabido interpretar el diseño de mi camiseta y aquellas otras que se han atrevido a aclararme que era la cara de Nicolas Cage la que llevaba estampada y no la de John Travolta. La vida es así. Vivimos en un mundo polarizado. El bien y el mal, ricos y pobres, gente decente que sabe valorar una buena película y gente imbécil de remate que no tiene ni puta idea de la vida.